En una fría noche de invierno nos reunimos para celebrar la Fiesta de la Luz, una de las festividades más significativas del año. Los niños disfrutaron de un cuento, compartieron chocolate caliente, sopaipillas y calzones rotos, mientras la calidez de la comunidad iluminaba la oscuridad de la noche.

Esta celebración nos invita a recordar que, incluso en los momentos más oscuros del año, cada ser humano lleva una luz interior capaz de brindar esperanza, alegría y confianza. Una pequeña llama que crece cuando la compartimos con los demás.

Entre cuentos, encuentros y sabores compartidos, vivimos una hermosa velada que nos recordó la importancia de cuidar y cultivar esa luz que habita en cada uno de nosotros.